Los cinco fundamentos de un vistazo
Al final de esta obra merece la pena preguntarse qué es en realidad SOLIS y qué lo distingue de otros proyectos. La respuesta es: SOLIS no es una ley rígida, ni un manifiesto inmutable, ni un modelo acabado que se le coloca encima a una sociedad. Es un sistema que aprende y se desarrolla, un marco, una actitud, una brújula que cada sociedad y cada generación tienen que llenar de vida de nuevo. Con toda su flexibilidad, lo mantienen unido los cinco fundamentos, que recorren todos los ámbitos como un hilo conductor y forman su columna vertebral ética.
La dignidad humana no solo exige no dañar a nadie, sino procurar activamente que toda persona pueda desarrollarse. Es el suelo absoluto por debajo del cual no llega ninguna ponderación, y vale también para quien se ha vuelto culpable. El equilibrio entre individuo y comunidad mantiene unido lo que otros órdenes enfrentan entre sí. La libertad sin responsabilidad es desconsiderada, la responsabilidad sin libertad es opresión, y la verdadera libertad surge donde las personas reconocen su responsabilidad y la asumen por convicción. La responsabilidad por el planeta convierte la Tierra en un mundo vivo que no solo se daña menos, sino que se sana, y le da una voz en cada decisión. El fomento del conocimiento y la sabiduría funda el orden en el mejor conocimiento disponible y en el juicio que sabe interpretarlo, y en que todo conocimiento sea abierto y toda autoridad pueda cuestionarse, también esta. La resiliencia a largo plazo, por último, construye todo lo que debe sostenerse de forma repartida, capaz de aprender y adaptable, para que el orden salga fortalecido de las dificultades en lugar de romperse con ellas.
Estos valores, sin embargo, no tendrían consecuencias si la obra no les hubiera dado instituciones. La pregunta más difícil, la del poder, SOLIS no la responde con un órgano supremo, sino con un Anillo sin cúspide, anclado en el pueblo y protegido frente a la captura duradera mediante el sorteo, la rotación, la revocación y la separación entre el saber y la decisión. A la economía no la suprime ni la planifica como si lo supiera todo, sino que pone límites al mercado: la provisión básica como derecho, los bienes de elección a través de un medio de valor que no puede acumularse y cuyos precios surgen de señales descentralizadas dentro de unos límites ecológicos y sociales, y un capital que permanece en muchas manos. A la esfera pública no la protege con un ministerio de la verdad, sino con un procedimiento con carga de la prueba, derecho de recurso y el límite inamovible de que nunca puede dirigirse contra la crítica a SOLIS mismo. Y a su ciudadanía no la educa para la docilidad, sino para la madurez, hasta la capacidad de rechazar el propio orden si lo merece.
Las piezas del conjunto de un vistazo
Quien ha leído la obra conoce sus piezas por su contexto. Aquí vuelven a estar juntas, para que cada parte del proyecto pueda compararse con cualquier otra, porque un orden solo funciona si sus partes no se contradicen.
Los cinco fundamentos son el núcleo innegociable: la dignidad, el equilibrio, la responsabilidad por el planeta, el conocimiento y la sabiduría y la resiliencia. Todo lo demás es libertad.
El Anillo es el orden del poder: un círculo de órganos sin cúspide, anclado en la ciudadanía, en cada nivel desde el vecindario hasta el planeta. Quien está integrado en él está anillado.
Las asambleas aprueban las leyes y los presupuestos de su nivel, con una composición en parte elegida y en parte sorteada. Los cargos temporales ejecutan, con plazos limitados y en rotación. El Consejo de los Sabios piensa más allá del horizonte y asesora sin dar órdenes. Los consejos éticos examinan según los fundamentos y pueden detener. La justicia vincula a todos, también a los órganos del Anillo. El órgano de transparencia y control mantiene abierto el conocimiento y observa los derechos fundamentales.
La ciudadanía decide por sí misma cuatro cosas: la adopción del orden, cualquier modificación de su núcleo, la revocación de sus órganos y las cuestiones que se le someten o que una iniciativa lleva ante ella. Todo lo demás lo deciden las asambleas.
El sorteo, la rotación, la revocación y la separación entre el saber y la decisión son las cuatro piezas contra la captura. Rigen para todo poder, también para el armado, para el banco comunitario y para la asignación del capital.
La excepción que se termina sola permite actuar con rapidez en una emergencia: de forma pública, temporal, con fecha de caducidad, con revisión posterior y con el deber de desmantelar.
Los derechos garantizados aseguran a todos la provisión básica, vivienda, energía, alimentación, salud, educación y movilidad, sin contraprestación, financiada con la cuota comunitaria. Donde los bienes de la base se diferencian, deciden la necesidad, el orden de inscripción y el sorteo, no las relaciones personales.
Los puntos de valor remuneran la aportación y compran los bienes de elección: personales, sin intereses, imposibles de acumular, imposibles de usar para especular, con precios surgidos de señales descentralizadas dentro de límites ecológicos fijos. Hasta el umbral de la previsión pueden ahorrarse y legarse, por encima de él no.
La cantidad de puntos es una cifra pública. Los puntos nuevos solo surgen en el banco comunitario a cambio de una aportación registrada, y tres palancas a la vista, el valor básico de una hora, la cuota comunitaria y el umbral, la mantienen a la medida de los bienes de elección que se producen.
La cuota comunitaria es la parte de cada abono que llena las cajas comunitarias, creciente por encima de un umbral. Ocupa el lugar de los impuestos, es sencilla en la fuente y visible en su uso.
Las empresas son comunidades de partícipes con una cuenta de empresa que forma una reserva, pero no un patrimonio. Los fondos en red asignan el capital por muchas vías independientes, y una parte queda reservada para quien disiente.
La membrana es la frontera controlada con el exterior. Deja pasar el valor para necesidades reales y a las personas con diferencias legítimas, y cierra la fuga por la que entrarían la acumulación, el poder o la destrucción.
La traducción del viejo patrimonio regula la transición: la posesión personal se queda, el patrimonio en dinero se convierte en puntos de valor hasta el umbral y en participaciones de fondos sin voto por encima de él, las compañías se convierten en empresas del orden, y las deudas internas se extinguen por encima de un límite justo.
Los custodios del mundo vivo dan a los ecosistemas, a los animales y a las generaciones futuras una voz ante los órganos del orden.
La transparencia asimétrica hace transparente el poder y protege al individuo. Los cargos, los fondos, los algoritmos y las intervenciones están a la vista, y la vida del ciudadano es privada.
El límite de los procedimientos rige allí donde el orden puede intervenir. Ni el procedimiento de examen de la esfera pública ni el aparato de seguridad pueden dirigirse nunca contra la crítica a SOLIS.
El derecho a irse y la madurez para cuestionar también a SOLIS son las últimas protecciones. Un orden del que se puede salir y que puede rechazarse tiene que convencer por lo que logra.
Estos fundamentos y estas piezas no están unos junto a otros. Unen la sociedad, el derecho, la seguridad, la economía, el planeta, la educación, la salud, la cultura, la técnica, la familia y el mundo en un todo. En ello reside la esencia de SOLIS: ninguna tecnocracia, ninguna ideología y ninguna receta acabada, sino un conjunto vivo, sostenido por personas que saben que la libertad, la responsabilidad, la dignidad y la sostenibilidad se refuerzan mutuamente. Es un orden con una brújula clara, que admite errores, aprende de ellos y se mejora.
Por qué se necesita SOLIS
Cabría preguntarse por qué hace falta un proyecto tan amplio y por qué no basta con reparar los sistemas existentes. La respuesta es que la humanidad se encuentra en una encrucijada cuyo alcance supera todo lo anterior, y que esta encrucijada se abre en varias dimensiones a la vez.
En la dimensión planetaria disponemos por primera vez de los medios para hacer inhabitable el planeta y, al mismo tiempo, de las tecnologías para sanarlo. La única pregunta es qué dirección elegimos, y aquí la mera reparación ya no basta. En la dimensión tecnológica, la inteligencia artificial, la biotecnología y la neurotecnología crecen de forma exponencial y pueden unirnos tanto como dividirnos. Lo decisivo es quién las dirige y quién fija los límites éticos. En la dimensión social poseemos el conocimiento para alimentar a todos, acabar con la pobreza y hacer posible la educación para todos. Aun así, millones pasan hambre y las desigualdades crecen, de modo que se plantea la pregunta de cuánto tiempo queremos mirar en lugar de crear sistemas que hagan utilizable ese conocimiento de forma justa. Y en la dimensión psicológica, un mundo celebra avances increíbles y, al mismo tiempo, se quema por dentro. La pregunta es si queremos sociedades en las que las personas solo funcionen o sociedades en las que florezcan.
No es el escenario de un futuro lejano, sino el presente. Ya vivimos en medio de esta prueba de resistencia, en un mundo que celebra el progreso, cimenta la injusticia, se desintegra políticamente, está al borde del abismo ecológico y está agotado por dentro. Por eso no se trata de pequeñas reparaciones ni de parches en sistemas que hace tiempo que llegaron a sus límites. Se trata de una nueva arquitectura, un nuevo fundamento, un nuevo contrato social que vuelva a unir al ser humano, el planeta, la técnica y el sentido. Al final está nada menos que la pregunta de cómo, como humanidad, no solo sobrevivimos, sino que nos desarrollamos plenamente: cómo creamos una civilización que crezca, aprenda y sane, en este planeta y más allá. El tiempo apremia, porque cada generación que duda traslada la responsabilidad a otra que quizá ya no tenga elección.
La gran visión
SOLIS es más que un plan de reformas, una agenda política o un concepto económico. Es una visión, una visión amplia, más grande que cualquier ideología, cualquier programa de partido y cualquier interés nacional. Dibuja un mundo en el que cada niño tiene la posibilidad de descubrir sus dones y ningún talento se pierde solo porque no encaja en un estándar. Un mundo en el que nadie pasa hambre mientras otros viven en la abundancia, porque la riqueza no significa aislamiento, sino responsabilidad compartida. Un mundo en el que el trabajo aporta plenitud en lugar de explotación, en el que la técnica sirve al ser humano y no al revés, en el que colaboramos con la naturaleza en lugar de combatirla. Un mundo en el que las culturas bailan juntas en lugar de hacerse la guerra, y en el que miramos a las estrellas no como conquistadores, sino como guardianes que aprenden.
Algunos objetarán que suena bonito, pero que es poco realista y que las personas no son así. SOLIS responde a ello de dos maneras. En primer lugar, esta obra no ha presupuesto en ningún momento personas mejores. Cada una de sus piezas está construida para las personas que existen, falibles, egoístas, tentables, y precisamente por eso se sostiene. En segundo lugar, esta visión no es un sueño ingenuo, sino una vara de medir, no una meta acabada, sino una línea de luz con la que pueden orientarse los sistemas, las decisiones y las estructuras. No se trata de si creamos el mundo perfecto. Se trata de si nos negamos a conformarnos con menos que lo mejor que podemos ser. Una visión así cumple tres tareas a la vez. Da esperanza, porque muestra que el cambio es posible y que el futuro puede configurarse. Da orientación, porque ayuda a fijar prioridades y a valorar decisiones. Y da sentido, porque responde a la pregunta de por qué asumimos los esfuerzos del cambio: porque no nos resignamos a un mundo en el que la desigualdad, la destrucción y el cinismo son la norma. Así se alza como una estrella interior sobre el conjunto, que da orientación también en los momentos oscuros y que dirige la mirada, más allá del próximo ciclo electoral, hacia las generaciones venideras.
La llamada a la humanidad
Este apartado no es un análisis ni una teoría, sino un llamamiento: a ti, a mí, a todos nosotros. Porque no basta con esperar a que los de arriba lo arreglen, con confiar en que la política y las instituciones lo resuelvan todo, o con creer que un nuevo hombre fuerte o un programa perfecto lo hará todo por nosotros. Tampoco basta con retirarse al cinismo y la desesperanza, con esconderse tras las pantallas y la ironía o con empequeñecerse con la idea de que una sola persona no puede cambiar nada.
Porque la sociedad no es el gobierno ni el sistema. La sociedad somos todos, con nuestras decisiones, palabras y acciones cotidianas. Cada persona puede probar caminos nuevos en su entorno, vivir de forma más sostenible, actuar con más justicia, hablar con más atención, conectarse con otras y fortalecer vecindarios e iniciativas, empezar pequeños proyectos, abrir conversaciones, dar un ejemplo visible y transmitir conocimiento. Para ello no hace falta un salvador ni un gran líder, sino una masa crítica de personas que digan: lo queremos de otra manera, lo queremos mejor, y empezamos aquí y ahora, con nuestros medios y en nuestra vida. SOLIS no es un proyecto desde arriba, sino una red y un campo de posibilidades en el que cada movimiento, por pequeño que sea, se convierte en parte de un gran cambio.
Imagínalo: en una ciudad, una escuela empieza a cambiar su alimentación, a permitir más participación y a enseñar atención plena. En un vecindario, las personas empiezan a producir energía juntas y a dar vida a los espacios públicos. En una empresa, los partícipes reorganizan su tiempo de trabajo y reparten los rendimientos de forma más justa. Ninguno de estos proyectos cambia el mundo por sí solo, pero juntos forman una red cada vez más densa y más fuerte. La llamada de SOLIS no quiere cargarte con un peso. Quiere mostrarte que eres parte de algo más grande, que tienes una voz y que no eres impotente. La pregunta no es si puedes cambiarlo todo, sino si estás dispuesto a desempeñar tu parte, con valor, con corazón y con esperanza.
Palabras finales
Esta obra no se escribió para élites, academias o congresos, ni para documentos que acumulan polvo en los cajones. Se escribió para las personas que cada día trabajan, aman, sufren y esperan, a menudo en silencio, a menudo invisibles, a menudo agotadas, y que a veces se preguntan si eso era todo o si ahí fuera hay algo más grande que las llama y las une con otras. SOLIS es una invitación a todos los que sienten que en ellos hay más de lo que permite la vida cotidiana y que tienen el valor de pensar en grande y empezar en pequeño.
Mara no existe. Tampoco la cocinera, ni el río, ni la fiesta de las luces. Pero todo lo que les sucede está construido, pieza a pieza, en este libro, y está construido para las personas tal como son. Esa es la diferencia entre un sueño y un proyecto.
Una obra que traza el límite entre el consejo y la decisión no puede callarlo cuando se trata de sí misma. Esta obra la concibió y la escribió un ser humano. En la revisión que distingue esta versión de la primera le ayudó una inteligencia artificial. Buscó contradicciones, señaló lagunas y propuso frases. Él examinó, descartó y asumió como propia cada palabra. La máquina iluminó la respuesta. La pregunta la hizo el ser humano.
Que esta obra esté dedicada, pues, a quienes aún han de venir. Que crezcan en un mundo que no solo los proteja, sino que los nutra y los fortalezca. Que esté dedicada a los mayores, que nos dieron sus historias. Que honremos su sabiduría y preservemos sus experiencias. Y que esté dedicada a los vivos, que oscilan entre el miedo y la esperanza. Que reconozcan que no están solos y que su anhelo de sentido y de vínculo no es casualidad, sino una llamada. SOLIS no quiere ser un dogma ni una escritura sagrada, sino una brújula, una herramienta, un puente y un comienzo. No invita a seguirlo a ciegas, sino a pensar, sentir y actuar con él.
Sobre el papel, este libro termina aquí. En verdad, sin embargo, no termina, sino que empieza: en las mentes, en los corazones, en las conversaciones y en las acciones que nacen de ellas. Que SOLIS sea un puente y no un búnker, una luz y no un faro del poder, una promesa y no una orden. Por los niños, por los mayores, por nosotros, por la Tierra, por las estrellas y por la vida.
SOLIS solo vive si tú lo vives.
System of Learning, Integrity and Sustainability — SOLIS.